Cuando empezamos nuestra charla lo dividimos en tres partes: La causa, el problema y las acciones. Hoy hablaremos de mi causa, el motivo o los motivos que me llevaron a iniciar una vida zerowaste:

A mi corta edad, he entendido que las acciones y decisiones que he tomado a lo largo de mi vida me han llevado a ser la persona que soy hoy. Es así que para que puedan entender qué me llevó a tomar la decisión de optar por una vida más consiente y amigable con el ambiente, voy a contarles un poco de mi historia, prometo ser breve.

Parte I: Viajar

Mis raíces: Ayacucho, Huancayo y Cajamarca, mis descendencias hicieron que despierte en mí, desde muy temprano, el bichito por conocer mi Perú.

Mi primer viaje sola fue a mis 15, a la ciudad a la que he vuelto más veces en toda mi vida: Tarapoto, pero en ese viaje no conocí mucho, fui de invitada y con una bolsa de viaje de 50 soles, así que básicamente conocí la plaza. Sin embargo, sentí que me perdí de tanto, que fue motivo suficiente para ahorrar y luego hacerlo por mi cuenta cuando quiera y a donde quiera.

Una vez que empecé la universidad y ya percibía algo por mis prácticas, inicio mi travesía. Primero por el Perú, cada vez me enamoraba más. Siempre tenía un destino en mente para las vacaciones y para mi suerte alguna amiga que se aventurara a seguir mis pasos. Poco a poco logré recorrer los 24 departamentos. Cuando terminé, me fui a los limites; Bolivia, Ecuador… Llegué un poco más lejos y me fui sola parando de ciudad en ciudad desde San Francisco en Estados Unidos hasta Tijuana en México, con este viaje entendí que las barreras solo pueden ser mentales.

He conocido gente en muchas partes del mundo con diferentes idiomas, costumbres, mentalidades y siempre llego a la misma conclusión, que fuera de los límites todos somos personas que vivimos en el mismo lugar: Nuestro planeta.

Hasta ahora sigo planeando más viajes…

Parte II: Bambú

En el 2013 participé del primer workshop de arquitectura con bambú en el Perú. Conocí gente increíble, llena de pasión por lo que hacía y ahí también conocí a mi segundo amor: el bambú.

¡Qué material para más fascinante! Aprendí demasiado, quería hacer todos mis proyectos con bambú, investigué a mas no poder: siembra, cosecha, tratamiento, métodos constructivos, mantenimiento, etc.

Con el pasar de los años, con las materias de concreto, estructuras de acero, y demás especialidades, el bambú quedó atrás. Siempre he dicho, que todo lo que quieres vuelve a ti, y esta no fue la excepción. Vendimos la casa donde había pasado toda mi infancia y mi mamá decidió comprar un terreno en Lamas, San Martín. Encontré una oportunidad, por fin podría hacer mi proyecto en bambú. Lo diseñé, contabilicé las piezas, volví a investigar más, viajamos al lugar, no podía estar más feliz.

Entonces me pregunté: ¿De dónde saco todo el bambú y que sea sostenible?

Cuando me dijeron que lo traiga de Ecuador casi me da un infarto, así que una vez más volví a investigar. Luego de pasar 3 horas en bus, dos colectivos, dos motos taxi, y cruzar el río en bote llegue al lugar donde me habían dicho se encontraba el bambú con diámetro más grande de la región. Así que, ahí iba yo, toda una aventurera a lo Dora la Exploradora.

Llegué al lugar, era un pueblo pequeño de 5 calles y una cancha central. Me dijeron que caminando encontraría el bambú. Caminé mucho, poco a poco empezó a aparecer, nunca antes vi bambú del tal grosor. Simplemente inmenso, varas de 10 metros de alto que bordeaban el río en forma de un gras gigante, pero había muy poco; sin embargo, no me hice más preguntas y me contactaron con la autoridad para poder extraerlo. Es así que luego de conversar con él sobre las cantidades que necesitaba para mi proyecto, nos dimos cuenta que terminaría extrayéndolo todo. Pero a cambio de una gran comisión todo era posible, le dije que lo contactaría y precedí a retirarme… preguntándome si valdría la pena. En ese transcurso, empecé a ver gente saliendo de la selva con troncos gigantes, amarrándolos y echándolos al rio para que sigan el caudal y al frente un aserradero repleto de madera, no sabía que estaba pasando. Mi mamá, quien estuvo conmigo en esta travesía, me explicó que se trataba de madera ilegal y que la extraían de selva adentro, de a postas… Pero, el alcalde está ahí, no puede ser posible.

Nunca podré borrar esa imagen de mi mente, pero sobre todo la impotencia que tenía al ver como extraían nuestros recursos de esa manera y yo no podía hacer nada al respecto. Regresé y ya no quería hacer más mi proyecto, tenía los ánimos al suelo. Regresé a Lima, tomé una pausa y seguí viajando, apreciando de otra manera las cosas.

Parte III: El trabajo

Acabé con méritos la carrera de arquitectura y me puse a trabajar, primero diseñando oficinas corporativas, luego gestionando y supervisando todo tipo de proyectos desde una clínica hasta un hotel. Pero nada me llenaba, los proyectos no me parecían sostenibles, generábamos mucho desperdicio en obra y en la oficina, yo enviaba propuestas para reducir, reciclar y optimizar algunos procesos, pero una vez más sin respuesta.

Empecé a hacer un voluntariado, encontré a Techo y cierta parte de mí se llenó. Logré dirigir una subárea de la ONG y rápidamente llegó la emergencia al país. En el 2017 el niño costero me dio una gran oportunidad, me puso a la cabeza de un gran proyecto comunitario y lo diseñamos en bambú. En ese año fui empleada del mes, referente voluntario y el proyecto obtuvo la medalla al mejor proyecto comunitario del año. Pero, siempre hay un “pero”, empecé a tener más carga laboral y tuve que dejar el lugar donde había hecho realidad algunos de mis más grandes anhelos. Lo que me llevé: una gran experiencia y ahí conocí al hombre que hoy por hoy me acompaña y continúa apoyando mis sueños.

Me ascendieron, volvió la ansiedad, otra vez no me sentía completa.

Parte IV:  Cero Basura

Decidimos mudarnos, ahora más cerca de mi trabajo y es ahí donde comenzó todo: era mi casa, podía establecer mis propias creencias y plasmar mi filosofía de vida. Quería muchas cosas, entonces empezaron las preguntas ¿realmente lo necesito? ¿Por qué volver a comprar más cosas? Decidí conservar solo lo que necesitaba y descarté todo lo que no me hacía feliz.

Una vez que empecé a perfeccionar mi trabajo y con el ahorro de tiempo en transporte, comencé a ver videos sobre cómo vivir una vida sostenible y empecé a comentarlo con todos los que conocía.Es así que un día, una de mis mejores amigas me envió un Tedtalks de Lauren Singer y fue como si por arte de magia escuché todo lo que necesitaba escuchar: “zerowaste” ¿Qué es eso? ¿Cómo se logra? ¿Un jarrón de basura en todo un año? jajaja… Imposible, después de unos minutos… ¡Ok, podemos lograrlo!

Ha pasado más de un año y puedo decir que, en casa casi no tenemos residuos, aunque suene increíble no tenemos tacho de basura y tampoco televisión. Vivimos una vida libre, donde nada sobra.

Para mí las palabras “Zerowaste” son una etiqueta, pero de las buenas, de las que te inspiran. Si existen personas que no generan basura, ¿por qué nosotros no podemos generar menos? Cada persona tiene un ritmo y va a un paso distinto, no quiero decir que todos seamos “zerowaste”, pero sí que tomemos conciencia del impacto que provocan nuestras acciones en nuestro medio.

A dónde va nuestra basura luego de que se la lleva el basurero y qué involucra cada uno de nuestros hábitos diarios: comer carne, usar cuero, comprar madera, ir en auto, dejar la luz encendida, etc. Hay tantas pequeñas acciones que todos podemos tomar que pueden lograr una gran diferencia, como dije al inicio, “las acciones que tomamos hoy son las que determinan el mañana…”

Yo ya les conté que me trajo a este camino, ahora busca dentro de ti lo que guiará al tuyo.

¡Buen inicio!

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4 respuestas a “Mi camino a una vida Zerowaste”

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